Jardines Voladores
Euge Marengo

“Los otros son un mundo. Y son todo un jardín”. Marjorie Pourchet.

Las ramas se hacen verano. Palo amarillo, jazmín y vainilla. Atrás dejan las espinas su anatomía de invierno, la piel ya no duele, ni estira, ni arruga. Se moja. Los patios se endulzan, el monte crece en sus verdes y amarillos, las ciudades florecen y todo se hace un jardín, donde la vida de los polinizadores y las plantas está tan ligada que no pueden existir unos sin los otros.

Desde el Valle cordobés de Traslasierra, Nicolás Fioretti y Andrés Plager nos comparten en esta nota, por qué es tan vital que nuestros jardines vuelen.

Hotel de Insectos, Refugio clave para la Biodiversidad Urbana: Estos nidos artificiales representan una acción concreta para crear corredores biológicos en jardines y balcones.

¿Por qué no pensar el diseño del paisaje de manera un poco más holística, más natural y sinérgica? Comienza Nicolás, segunda generación de apicultor, docente de biología, técnico y consultor apícola. Nicolás continúa, piensa en detener la mirada en el detalle, algo de lo que en estos tiempos seguramente nos esté faltando. Observar, darle espacio a esa acción que muchas veces se degrada entre la virtualidad y la vida real.

“Los polinizadores vuelan, trasladan de un sitio a otro vida y diversidad. Por qué no pensar incorporarlos en los diseños urbanos, públicos y privados de manera que se puedan conectar unos con otros, como verdaderos corredores biológicos y refugios de biodiversidad urbana, reflexiona Nicolás mientras piensa en las posibilidades de mejorar la calidad de la vida.

Con Andrés Plager, licenciado en Planificación y Diseño del Paisaje, se conocieron hace unos años en un curso de Operario Apícola. Allí intercambiaron ideas que articularon tanto desde la diagramación de espacios públicos, como la docencia, las consultorías, la apicultura, la biología y el ambiente.

Con el apoyo de la Sociedad Argentina de Paisajismo y el Sindicato Único de Jardineros, este año pudieron concretar esas ideas en un curso virtual donde, por primera vez en nuestro país, se abordó el diseño paisajístico desde los polinizadores.

Las formas del paisaje

Cuando piensa en el paisaje, Andrés dice que es el resultado de transformaciones y percepciones, es decir es una construcción social. Entonces, “una ciudad es un paisaje, un basural es un paisaje, un lago con bosque es un paisaje, sobre una capa a la que denominamos naturaleza entre muchas comillas, la sociedad produce cultura y economía, lo que va transformando esa capa”.

¿Qué es realmente un paisaje? Según Andrés Plager, es el resultado de transformaciones y percepciones. Desde esta óptica, un cantero en la calle o un basural, tienen el mismo valor de estudio que un bosque. El desafío es cómo la sociedad interviene esa capa para crear servicios ecosistémicos, como el que ofrece esta flora urbana a los polinizadores.

Para Andrés, quien también es especialista en Planificación Urbana y Regional y diplomado en herramientas sobre el Cambio climático, desde esta perspectiva en el paisaje se desarrollan servicios eco sistémicos que la sociedad aprovechó, como el que producen los polinizadores en el mantenimiento de la biodiversidad:

“Es por eso que incorporar estas nociones al pensamiento y a las estrategia de planificación y diseño son vitales, para las escalas en la que podamos estar trabajando, ya sea un jardín o un corredor ambiental, ya que las sumatorias de acciones son las que amplifican los impactos de estas estrategias”.

Los polinizadores van despertando con el color de las flores. Son múltiples las habilidades que tienen las poblaciones de especies para sobrevivir y buscar nichos ecológicos que les permitan adaptarse a los diferentes ambientes.

En el proceso de la vida, explica Bernardo Ferraris, Ing. Forestal, las plantas evolucionaron de las gimnospermas a las angiospermas, que producen frutos y aromas para atraer a los polinizadores y generar lo que se denomina la polinización o fecundación cruzada, el proceso de transportar los granos de polen de una planta a otra, que son células sexuales masculinas que se encuentran en los estambres de las flores.

De esta manera, las flores son fertilizadas con el polen que se ha quedado en las patas o las alas de estos visitantes. En muchos casos la vida de los polinizadores y las plantas, está tan ligada que no pueden existir unos sin los otros.

A lo largo de la historia del planeta, los colores de las flores evolucionaron en relación a los polinizadores: abejas, avispas, mariposas, hormigas, escarabajos, moscas, mosquitos y hasta algunos pájaros y mamíferos, transportan el polen de una flor a otra, y permiten la reproducción de las plantas y la producción de frutos.

Son esenciales para el funcionamiento de los ecosistemas, son como una simbiosis que define cada matiz del color que le da vida al paisaje. Por ejemplo, atraídas por los tonos y aromas de las flores, las abejas, las mayores polinizadoras de la tierra, tienen preferencia por las flores blancas, amarillas y azules, ya que la mayoría de ellas no pueden ver el rojo y lo perciben como negro o ausencia de color.

La paleta de colores del jardín es un mensaje directo a los polinizadores: Cada matiz del paisaje es, en realidad, un anuncio visual diseñado por la evolución. Esta simbiosis entre plantas e insectos asegura el transporte de polen y la fundamental producción de frutos, manteniendo vivos nuestros ecosistemas. Es un lenguaje silencioso, pero vital, que define cada rincón natural.

Existen lo que se define como “hoteles de insectos”, que son -explica Nicolás- “espacios concretos de hábitat para cierto tipo de insectos como abejas solitarias, mariquitas y otros que controlan plagas o ayudan a la polinización y dispersión de especies”.

Estos hoteles se construyen con diferentes materiales orgánicos y se colocan en los jardines o cerca de ellos para que los insectos encuentren un sitio donde reproducirse y vivir. “Este tipo de instalaciones son simples y permiten además ser vehículos para una educación ambiental o de interpretación”.

Entonces, los hoteles de insectos benéficos, los pájaros y otros animales, la apicultura urbana, las abejas solitarias y las nativas sin aguijón son -dice Nicolás- “simplemente ejemplos de todo y quizás solo una parte del espectro de cuestiones que podemos tener en cuenta a la hora de pensar el paisaje de una manera más completa y a la altura de lo que necesitamos en la actualidad”.

Dentro de la agenda de planificación del paisaje -continúa Andrés- muchas de estas acciones se están reproduciendo en las ciudades, “ya sea por directrices que emanan de los organismos oficiales, como desde las propuestas auto organizadas. Existe la idea de re naturalizar las ciudades o entenderlas como un sistema donde conviven muchas infraestructuras que no pueden estar ajenas a los ciclos naturales o que además son parte de interfaces en territorios más complejos”.

Para Nicolás el paisaje es como un sistema donde cada componente es importante para el funcionamiento general. El equilibrio de la vida y sus diferentes escales significa, “pensar el paisaje de una manera sistémica, darle espacio a todos sus componentes, si hay plantas, hay flores, insectos, animales, humanos”.

Ahora bien, ¿cómo hacemos de ese paisaje nuestro entorno cotidiano? ¿Cómo hacemos volar nuestro jardín? La diversidad de flores, es clave. “Que tengan disponibilidad de néctar y polen todo el año. Convidando a especies nativas, con otros beneficios como aromáticas y árboles de flores o producción”, va a responder Nicolás.

Incluso, pensar también la noche. Ese manto oscuro que a veces brilla no sólo desde el cielo. Alimentar a los polinizadores nocturnos, implica tener plantas que florecen de noche.

“Puede ser un espacio de una cazuela de un árbol, o una maceta en el balcón. Todo esto crea en los lugares urbanos corredores biológicos donde las especies pueden estar contribuyendo a la biodiversidad y a la calidad de vida de los sitios donde están”, asegura Nicolás.

Hace apenas dos meses que las flores del chañar explotaron en pequeños botones amarillos. La serranía cordobesa se llena de un vaho a jazmín que lo envuelve todo. Los cactus son una postal de pétalos abiertos en cada amanecer de primavera. El tiempo sale de todas las casas y el monte crece en sus sombras: el aire liviano, los platos llenos de frutas, la montaña que anuncia al viento y las flores que se vuelven a nombrar.

Los verdes exuberantes comienzan a mojarse con las lluvias y la tierra huele a ozono. Se aproxima el verano, tiempo de colores en el monte y la ciudad, la vida va despertando y el jardín entero vuela alto en todas sus texturas, brillos y perfumes.

Euge Marengo

13/11/2025

Euge Marengo

Hace nueve años que vive en Capilla del Monte, al norte de la provincia argentina de Córdoba. Es Licenciada y profesora en Comunicación Social por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Magíster en Historia y Memoria (UNLP) y Doctora en Ciencias Sociales (UNLP). Trabaja en la cooperativa de comunicación Viarava de Capilla del Monte y colabora con artículos periodísticos y foto reportajes en diferentes medios digitales.

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