En los bordes de la noche
Euge Marengo

En el mundo existen unas 1500 especies de murciélagos. En la Argentina, un millón de hembras (Tadarida brasiliensis) se resguarda cada primavera en la Calera (Córdoba) para tener sus crías. En medio de mitos y leyendas que los condenan como una criatura de cuentos de terror, la bióloga Lourdes Boero comparte en esta nota la importancia de este mamífero para el equilibrio ecosistémico.


Un manto oscuro recubre el interior de un viejo túnel de una cementera, millones de ojos diseñados para la noche se pegan sobre la roca. Chirridos agudos rebotan en lo profundo. Salen. Son tantos murciélagos que se mueven como una sábana negra que succiona toda la luz. Mediante su ecolocalización sus ojos ven a través del sonido que puede indicarle la distancia a la que se encuentra un objeto, o presa, incluso hasta su forma y tamaño.

“Se piensa que son plagas, especies que tienen una tasa reproductiva muy alta y generan algún daño a los seres humanos, y los murciélagos son todo lo contrario. Tienen apenas una o dos crías al año, y aportan un montón de beneficios”, comienza Lourdes Boero, doctora en Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional de Córdoba.

Algo clave que la llevó a la investigación de estos mamíferos fue un dato que no recordaba haber estudiado durante la carrera: hay murciélagos nectarívoros, se alimentan de néctar y polen y son capaces de polinizar flores nocturnas. Y así, esto se convirtió en una de sus principales líneas de investigación.

Desde el año 2011, cuando se realizó el taller anual del programa de conservación de murciélagos en Argentina, Lourdes investiga a estos animales con la pasión minuciosa que despierta la ciencia. En el 2013, como parte del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV), CONICET-UNC, su trabajo con murciélagos polinizadores la llevó a estudiar estas poblaciones en las zonas de las yungas de Salta y Jujuy.

Ahora bien. Rebobinemos. Las especies son variadas, pero hay un lugar común en la percepción humana que convierte a este mamífero capaz de volar, en una criatura aterradora. Quizás la delgada membrana que recubre sus alas, con una piel elástica -patagio- y envuelve sus dedos alargados, sus brazos y su cuerpo, se lleva consigo la posibilidad de cierta belleza.

Desde Drácula, un vampiro inmortal que bebe sangre humana para tener más poder, hasta Batman, un superhéroe que utiliza el miedo de los humanos a los murciélagos para enfrentar a los criminales de ciudad Gótica, el imaginario social sobre estos animales no es el más amigable. El sentido de estas historias, refuerza la percepción de un mito sustentado en argumentos erróneos.

Viñeta de Batman: Year One (1987), con guion de Frank Miller y arte de David Mazzucchelli. El momento en que un murciélago irrumpe en el estudio de Bruce Wayne y da origen al símbolo de Batman, inspirado visualmente en murciélagos grandes insectívoros como el murciélago marrón grande (Eptesicus fuscus), una especie común en Norteamérica, de alas amplias, cuerpo robusto y vuelo estable y silencioso, cuya silueta remite al Batman clásico.

La importancia de la divulgación científica sobre su valor en la vida, también reside en la deconstrucción de esos estereotipos que vinculan a los murciélagos como seres del mal. Lourdes enumera:

  • Se piensa que todos están enfermos: “Como parte de la fauna silvestre y al igual que animales domésticos, y los seres humanos, somos portadores de diferentes enfermedades lo que no significa que todos estemos enfermos. Una de estas enfermedades es la rabia que se da en muchos mamíferos silvestres, pero la incidencia de la misma es muy baja. Aún así, siempre hay que tener precauciones, en el caso de profesionales o veterinarios que los manipulamos tenemos que estar vacunados contra la rabia y trabajar con guantes”.
  • Se dice que son ciegos: “Tienen buena visión, acostumbrada a un contexto nocturno. Como se desplazan en la oscuridad, el sistema de ecolocalización les ayuda a orientarse y evitar obstáculos”.
  • Se los asocia a criaturas terroríficas: “A muchas personas les genera temor su aspecto. Repercute en la percepción de la gente y la reacción ante ellos, por lo que una respuesta muy común es matarlos cuando entran a una vivienda”.

Estos relatos han incidido en la matanza masiva de sus refugios, convirtiendo al humano en su principal depredador. “Un ejemplo -explica Lourdes- fue la pandemia, donde se asoció el virus del Covid con los murciélagos, si bien no está muy claro, hubo matanzas intencionales en distintos puntos del mundo”.

Por otro lado, esta percepción influye también en las posibilidades de conservarlo. Es más difícil conseguir apoyo económico, dado que la gente no empatiza con los murciélagos y desconoce el rol que cumple en la biodiversidad de este mundo.

A su vez, Lourdes destaca su valor intrínseco, es decir que cada especie representa una existencia única en este planeta: “una historia evolutiva, un rol ecológico, la relación con otras especies y que es valiosa en sí misma, más allá de los beneficios o no para las personas”, explica mientras describe lo que significa reconocer a la naturaleza como un sujeto con derechos a la existencia.

La Calera

Lourdes vive a 30 minutos de la localidad de La Calera, ubicada en las Sierras Chicas a unos 20 kilómetros al norte de la ciudad de Córdoba. En ese mismo lugar, existe la segunda colonia de murciélagos más grande de Sudamérica que se conoce hasta ahora. Fue a partir de un periodista, Lucio Ibáñez, que se enteraron de su existencia y desde el 2012 comenzaron a hacerle un seguimiento.

Cada año, durante el mes de octubre, llegan más de un millón de hembras preñadas de la especie insectívora Tadarida brasiliensis, también conocida como “cola de ratón”, que vienen a parir sus crías y se quedan hasta el otoño. El lugar escogido es el armazón de un túnel de 150 metros, de lo que supo ser una fábrica de cemento, “Cementera Hércules”, hace unos cuarenta años atrás. En su interior aún perviven los túneles por los que atravesaba el ferrocarril interno de la cementera.

Murciélagos saliendo de la Cantera Dumesmil en La Calera. Fotos: @luchocasalla

“Es una colonia maternal -cuenta Lourdes- y luego se van con las crías, con la capacidad de volar y migrar hasta 1500 km”.

No se sabe bien hacia dónde van. Sólo que esa misma especie está desde Estados Unidos y en el norte, a la misma latitud. Tienen el mismo comportamiento y en otoño e invierno están a menores latitudes, “por ello suponemos que migran al norte y podrían llegar a países limítrofes”.

Hay una forma de atardecer por estos cielos de Córdoba, que hace del tiempo un momento exacto en su modo de oscurecerse: en esos instantes en que el sol desciende, cientos de miles de murciélagos salen en búsqueda de alimento y llegan a recorrer unos 50 kilómetros. Lourdes dice que ese momento exacto dura una hora y que es tal su magnitud que en el año 2017 fue detectado por un radar metereológico desde la ciudad universitaria en Córdoba, que se utiliza para identificar nubes y funciona con un método similar al que usan los murciélagos para orientarse.

Cuando salen a buscar alimentos emiten sonidos de alta frecuencia. Si rebota en un insecto, por ejemplo, les permite localizar a su presa, esa ecolocalización de los murciélagos, se asemeja al funcionamiento del radar. Éste genera ondas de radio de alta frecuencia y mediante el análisis del eco puede determinar la posición, la intensidad y la altura de las nubes en un radio de 200km.

“En diciembre del 2015 se vio en el radar una mancha oscura en el cielo que no tenía referencia con respecto a la meteorología del momento”, dice Denis Poffo, del laboratorio de Radar y Sensores Remotos de la UNC, en un documental de Timbó Films. “Nos dimos cuenta que ese fin de semana habíamos tenido una invasión de mariposas blancas en la ciudad de Córdoba”.

Esa fue la primera detección de un eco biológico -no metereológico- con el radar. En el 2017, un fenómeno similar apareció en el radar y lo que se detectó fueron langostas. Esta información hizo que Lourdes pensara en utilizar el radar para localizar los murciélagos en sus salidas nocturnas. A partir de ahí, pudieron recurrir a esta herramienta para hacerles un seguimiento, tener el detalle del compartimiento de estos animales junto con los estudios de campo, “ver si la colonia está, enqué momento sale, y vimos que coincidía con lo que el radar detectaba”.

Según los vecinos, hace unas cuatro décadas que estos murciélagos viven en el refugio de La Calera, o casi el mismo tiempo en que esa parte de la cementera dejó de funcionar. Es vital que las condiciones naturales del refugio se mantengan, para que la colonia perviva. La conservación de estos sitios, a su vez, es esencial para los ecosistemas de la región. En la actualidad, gracias a las investigaciones, se sancionó una resolución provincial que establece esta zona como un área protegida.

Unas 1500 especies de murciélagos se distribuyen por todo el mundo, excepto en los polos. Pequeños y grandes. Pescadoras, carnívoros, vampiros, insectívoros, frugívoros (se alimentan de frutas) con narices chatas y formas de herradura, con orejas grandes, claros y oscuros. “Esta variedad de especies ocupan diferentes posiciones en las cadenas alimenticias. El 70% de las especies come insectos”, advierte Lourdes y destaca una de sus características principales: “son fundamentales para controlar las poblaciones de sus presas, muchas veces estos insectos son plagas de cultivos”.

Mientras que menos del 1% son carnívoros que pueden alimentarse de vertebrados. Otro pequeño porcentaje se nutre de peces además de insectos y “los conocidos como vampiros, son tres especies que se alimentan de sangre de aves y el más común lo hace de sangre de mamífero y prefiere los animales domésticos”, explica Lourdes y agrega que es muy raro que maten a la presa de la cual se alimentan.

Lourdes Boero estudiando sus primeros murciélagos en el año 2013

Flor de noche

En ese aleteo nocturno sus brazos se estiran, como si pudieran mover la oscuridad y correr el velo de la noche. Quizás ahí aparezca la belleza, en la posibilidad de entregarle vida a lo que percibimos sombrío. Su vuelo nocturno lleva a algunas especies al encuentro perfumado con aquellas plantas que sólo florecen por la noche y dependen de los polinizadores nocturnos.

Por lo general, sus olores son fuertes y huelen a compuestos volátiles con azufre. Sus tonos son más bien apagados, entre blancos, verdes y morados, mientras que muchas plantas han adaptado su forma -síndrome de quiropterofilia- para que la lengua larga de los murciélagos pueda absorber su néctar. Algunas se hacen como guías acústicas. Sus estructuras cuelgan en forma de cuchara y funcionan como un reflector parabólico que hace rebotar el eco que emite el murciélago y así puede detectar su presencia.

Distribuidos en las selvas tropicales y subtropicales del mundo, Lourdes explica que un 20% se alimenta de más insectos y frutos, lo cual es clave porque: “al pasar por su tracto digestivo las semillas, que en general quedan en buen estado para luego germinar, ayudan a regenerar los bosques”. Así junto con los murciélagos nectarívoros, son alrededor del 5% de las especies las que cumplen un rol en la polinización. “Es decir, incorporan néctar a su dieta y contribuyen a la polinización de las plantas con flores”.

En América hay unas 60 especies, desde Estados Unidos hasta el norte de Argentina. En nuestro país, solo dos especies cumplen esta función y se encuentran en la selva misionera y las yungas en la región andina de Salta y Jujuy.

Se sabe que los murciélagos son muy eficientes para la polinización, -asegura Lourdes- y explica que se ha demostrado, a partir de ensayos, que las flores nocturnas sin el acceso de los murciélagos no forman frutos o hacen muy pocos. Estos animales pueden transportar polen a grandes distancias, en cantidad y calidad y visitan con regularidad las mismas plantas.

En el continente americano hay unas 500 plantas con flor que dependen de los murciélagos, algo fundamental para la regeneración de los bosques. “Han estado por detrás de la evolución de muchas de estas plantas con flor, un ejemplo son los Agaves en México de los cuales se producen bebidas como el tequila. En parte la producción del tequila es gracias a los murciélagos”.

Murciélago nectarívoro común(Glossophaga soricina) visitando la flor del sacha tabaco(Nicotiana otophora). Ilustracion de Cristina Bodiño.

Los murciélagos llevan la noche entre sus membranas. Traen su color. Conocen el aroma antiguo de las flores nocturnas, el eco que evolucionó de los insectos, el pasado que se hizo roca, sombra y refugio en la montaña. Lejos de su vuelo hay un Drácula asechando humanos, un Batman salvando al mundo gótico. Sus salidas sobrevuelan lo que no vemos, perforan la oscuridad y nos devuelven otra belleza posible.


Euge Marengo

13/01/2026

Euge Marengo

Hace nueve años que vive en Capilla del Monte, al norte de la provincia argentina de Córdoba. Es Licenciada y profesora en Comunicación Social por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Magíster en Historia y Memoria (UNLP) y Doctora en Ciencias Sociales (UNLP). Trabaja en la cooperativa de comunicación Viarava de Capilla del Monte y colabora con artículos periodísticos y foto reportajes en diferentes medios digitales.

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