“ANADIEGO”: DAR LA VIDA EN LA TIERRA, SER INFINITA EN EL COSMOS.
Javier Sahade

Desde hace 15 años, un asteroide, entre Marte y Júpiter, gira alrededor del sol con el nombre de una militante revolucionaria secuestrada y desaparecida por la dictadura. De niña, Ana Teresa Diego, miraba las estrellas subida al techo de su casa en Bahía Blanca. A los 21 estudiaba Astronomía en La Plata, cuando una patota de civil la fue a buscar a la salida del Observatorio. Sus restos fueron hallados en 2011, cuatro meses después de volver al “origen no transformado” del universo.

En un barrio del sur bonaerense, Ana Teresa Diego se acuesta sobre el techo con los ojos al cielo. Es de noche en Bahía Blanca, no hay edificios ni luz eléctrica que molesten. Avanzan los años 60 y como tantas otras veces, junto a su hermano Daniel, mira las estrellas escuchando lo que les cuenta Antonio, su padre matemático. Y ahí arriba, mientras adentro de la casa mamá Zaida cuida de la chiquita Alejandra, Ana empieza a memorizar nombres, figuras y constelaciones. Falta poco para la llegada humana a la luna. 

Algunos años después, ya con 21, una apretada venda le tapa por completo la vista en la Brigada de Investigaciones de Quilmes, uno de los calabozos de la Policía Bonaerense de Ramón Camps, conocido como “Pozo de Quilmes”. Tiene frío, hambre y le cuesta estar de pie. Cuando escucha alejarse las botas, levanta sus manos atadas para liberar un rato los ojos. Es una de las últimas veces que verá la luz del sol.

Del otro lado de la pared está Emilce Moler, una militante estudiantil de apenas 17 años, secuestrada en La Noche de los Lápices, que años después, lejos del infierno genocida, lo recordaría así en sus redes sociales:

_ Son las 5 de la tarde -me dijo Ana casi susurrando.
_ ¿Cómo sabés?  -le pregunté desde la celda de al lado.
_ Por la proyección del sol en la pared. Se forma un ángulo, y por trigonometría, mido el seno y el coseno; así lo puedo calcular. Estudio Astronomía. 
_ Por la proyección del sol en la pared. Se forma un ángulo, y por trigonometría, mido el seno y el coseno; así lo puedo calcular. Estudio Astronomía. 

“Seguimos hablando un rato, de celda a celda – cuenta Emilce-. Nos habíamos levantado la venda y mirábamos por las ventanitas de las puertas de los calabozos que daban a un paredón. Un día se la llevaron. Nunca supe más de ella. Siempre transmití a mis alumnos que la trigonometría es muy importante para resolver problemas cotidianos de nuestras vidas. Un homenaje a vos Ana, que me pudiste decir la hora cuando había perdido todas las coordenadas”.

Emilce Moler, compañera de cautiverio de Ana Diego

El secuestro

La última vez que Ana Diego caminó libre fue la mañana del 30 de septiembre de 1976. Pasado el mediodía, una patota de civil, que se movía en dos autos sin patente, la esperó a la salida de la Facultad. Se la llevaron frente al Observatorio, corazón del Bosque, y la trasladaron primero al sector Caballerizas de 1 y 60 – a pocas cuadras-, después al Destacamento de Arana y finalmente al Pozo de Quilmes, todos centros clandestinos de detención, tortura y exterminio (CCDTyE) del Circuito Camps de la Policía Bonaerense. Era militante del Centro de Estudiantes y de la Federación Juvenil Comunista, cursaba el tercer año de Astronomía y vivía en un departamento junto a una compañera de militancia, de nacionalidad chilena. 

Ana permaneció desaparecida más de 35 años, hasta que en abril de 2012 sus restos fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense, enterrados como NN en la fosa común del Cementerio de Avellaneda. Cuatro meses antes, en diciembre del 2011, la Unión Astronómica Internacional había aceptado la propuesta del decano platense para bautizar “Anadiego” a un asteroide que hasta entonces solo se lo conocía con un número. Fue un hecho histórico: la primera vez que el nombre de una persona desaparecida por la Dictadura llegaba al espacio.  

Órbita del asteroide “ANADIEGO”. En el texto de la resolución se lee: Ana Teresa Diego fue una formidable estudiante en el Observatorio Astronómico de La Plata en la década de 1970. También fue una persona con un fuerte compromiso social quien dio su vida en defensa de la libertad.

“La lucha de Ana era una lucha increíble. Muchos de nosotros quedamos subyugados por su inteligencia, ganas de vivir, alegría, voluntad y todo lo que hacía por los demás, el barrio, la villa. Hacía cosas maravillosas que molestaban a muchos, recuerda en diálogo con Humboldt, el astrónomo e investigador Luis Martorelli, ex Director del Laboratorio de Óptica del Observatorio de La Plata y compañero de estudios de Ana. Fue la última persona que la vio libre. 

“Yo me salvé, tuve un Dios aparte. Tenerla de compañera, esa tarde que fue secuestrada, fue un golpe duro, tan duro que todavía no lo puedo superar. Estábamos en la biblioteca del Observatorio y le pedí que me esperara para ir a tomar un café a la esquina de 1 y 49. Pero mientras le devolvía unos libros a la bibliotecaria, ella se fue… Nunca más la vi. Nunca. No sabía por qué se había ido así. Al otro día, a las 8 de la mañana, fui otra vez al Observatorio y todo era un drama: gente llorando, gritos. Ahí me entero que la habían secuestrado en la puerta del Museo, a pocos metros de la Facultad. Eran dos autos. La estaban buscando, la tenían marcada”.

Luis Martorelli, astrónomo y director del laboratorio de óptica FCAG-UNLP.

“Era una persona con una inteligencia matemática muy alta”, dice Martorelli.“Compartimos poco tiempo en la Brigada de Quilmes y cruzamos pocas palabras, pero pude darme cuenta sus conocimientos”.

“Ella me bajaba a tierra, me discutía y eso me encantaba – agrega Martorelli-. Yo era más chico. Siempre me decía ‘no creas las cosas que dicen para tapar el sol con las manos´. Era la época en la que se hablaba mucho de los ovnis. Me decía que los milicos usaban las estupideces de los extraterrestres para tapar todo lo que estaban haciendo. Me sorprendía la fuerza que tenía para decirlo, la misma fuerza que tenía para cada cosa que hacía. Hasta para cuidarnos. Porque ella me salvó la vida. Ponía un límite para protegernos. Si se hubiese quedado conmigo ese 30 de septiembre hoy no estaría acá. Así de fácil y así de terrible”.

El primer acercamiento de Ana a la Astronomía no fue solo la observación del cielo desde el techo de su casa. Su papá, fallecido en 1975, era sanjuanino y de niña ya supo lo que era mirar el espacio desde un telescopio, en el complejo observatorio CASLEO de la provincia cuyana.

También la marcó la llegada a la Luna, en 1969. Tenía 14 años y la noticia revolucionó tanto su casa, que su madre guardó durante décadas la edición especial de la revista Siete Días. Su hermana menor, Alejandra, recuerda que tanto su mamá como su papá, “los hacían pensar mucho sobre las cosas”. Antropóloga y docente cuenta que ambos eran científicos, “de ir a lo profundo de las cosas y cuestionar todo”. Desde su casa en Villa Ventana, cuenta a Humboldt que la única de la familia que militó en una organización política fue Ana.

En total son tres las estudiantes de Astronomía víctimas del terrorismo de Estado, además de todas aquellas que fueron echadas por su militancia política o tuvieron que exiliarse. El 3 de agosto de 1953, María del Carmen Cañas fue asesinada junto a su madre María Angélica Blanca de Cañas en su casa platense. La “Petisa” había nacido en Azul y militaba en Montoneros. Tenía 23 años, y estaba embarazada de su segundo hijo. El otro caso es el de Ana María del Carmen Pérez nacida en Villa Trancas, Tucumán, y militante de la Juventud Universitaria Peronista (JUP). La conocían como “Vicky” y la secuestraron con 25 años en la ciudad de Buenos Aires el 14 de septiembre de 1976, dos semanas antes que Ana Diego. Estaba embarazada de casi 3 meses y apareció asesinada en octubre, flotando en aguas del canal San Fernando, provincia de Buenos Aires.

Ana María del Carmen Pérez en los jardines del Observatorio de la UNLP

María del Carmen Cañas una de las tres las estudiantes de Astronomía víctimas del terrorismo de Estado

Sus nombres y sus historias se mantuvieron casi ocultas en la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas incluso bien entrada la democracia, pero con el siglo 21 surgieron las comisiones estudiantiles de derechos humanos y una agrupación política se llamó Ana Teresa Diego. En 2006, a 30 años del secuestro de Ana Diego, la integrante de Madres de Plaza de Mayo, Zaida Teresa Franz pisó el Observatorio para un acto homenaje a su hija. En el año del comienzo de los juicios, la última facultad de la U.N.L.P. en recordar a sus víctimas, inició su camino de memoria.

Zaida Teresa Franz en el acto homenaje a su hija Ana Teresa Diego en 2006. (PH: Guillermo Sierra)

Polvo de estrellas

“A partir de estos átomos, estallados, formados y vueltos a formar en el transcurso de unos 18 mil millones de años, se formaron todas las estrellas y planetas del Universo, incluyendo nuestra estrella y nuestro planeta. Luego, a partir de los átomos existentes en este planeta se organizaron y evolucionaron los sistemas vivientes. Todos los átomos de nuestro propio cuerpo tienen su origen en esta enorme explosión. Usted y yo somos carne y hueso, pero también somos polvo de estrellas.”

Con esa definición de la bióloga estadounidense Helena Curtis, comienza el documental “Polvo de Estrellas”, realizado en 2006 por alumnos de la secundaria agraria CEPT 12 de Villa Ventana. En esa localidad del partido bonaerense de Tornquist, vivió Zaida hasta su muerte, a los 95, en diciembre de 2022. El trabajo, presentado en el Programa Jóvenes y Memoria de la Comisión por la Memoria, cuenta la historia de Ana Diego, todavía desaparecida.

Este año se van a cumplir 15 años del histórico 10 de diciembre de 2011 – Día Internacional de los Derechos Humanos -, cuando la Unión Astronómica Internacional (UAI) aprobó el nombre de “Anadiego” para un asteroide que mide entre 3 y 4 kilómetros. Había sido un pedido del entonces Decano de la Facultad de Astronomía platense, Adrián Brunini. “Ana debería tener un sueño que es estudiar el cosmos. Esto es para que ella esté un poco más cerca y que nunca más se borre su recuerdo”, había escrito en la presentación formal. “Desde hoy – dijo Brunini una vez conocida la decisión de la Unión Astronómica -, el asteroide 11441, descubierto el 31 de diciembre de 1975 en El Leoncito (San Juan) por Mario Reynaldo Cesco, llevará el nombre “Anadiego”, y de esta forma, su luz (en este caso el reflejo sobre él de la luz del Sol) iluminará el firmamento para siempre”.

La notificación de la UA llevaba la firma del astrónomo uruguayo Julio Ángel Fernández, miembro del Comité de Denominación de Cuerpos Menores: “Ellos quisieron callar sus voces, desaparecer sus cuerpos y borrar sus memorias de la faz de la tierra. Pero la historia, siempre terca, vuelve sobre sus pasos para redimir a las víctimas, y arrojar sus verdugos al basurero de la historia. Hoy, de las entrañas de la tierra Ana Teresa renace para ocupar para siempre un lugar en el cielo, como símbolo y recuerdo de la barbarie de ayer y advertencia de que no se vuelva a repetir en el mañana. Es, ni más ni menos, la memoria que vence al olvido”. Y hasta Cristina Kirchner lo celebró, ese mismo día en su discurso de asunción del segundo mandato. La presidenta llamó a “dar vuelta la página trágica de nuestra historia” y en relación Ana dijo: “A lo mejor podría estar sentada donde estoy yo ahora.”

Lo que hizo Zaida con la noticia fue distinto. Esa mujer, que pese a las amenazas, en octubre del ‘76 se había convertido en una de las primeras madres en salir a las calles para saber dónde estaban sus hijos, decidió escribirle una carta abierta. Con más de 80 años y la visión disminuida casi por completo, su texto empezaba así:

“Carta abierta: Ana Teresa Diego, desaparecida.
Destino: Asteroide 11441, entre Marte y Júpiter.
Remitente: Zaida Teresa Franz, Villa Ventana, Planeta Tierra.
Por fin puedo comunicarme con vos, ahora tengo un lugar donde encontrarte”.  
“Cierro los ojos y te veo como una lucecita en el asteroide junto a todos los desaparecidos que nos miran y saludan sonrientes – finaliza su carta la fundadora de Madres de Plaza de Mayo-. Los siento que están bien, alegres esperando y confiados en que esta humanidad va encontrar el camino de vivir en paz, solidaridad y armonía. Seguramente te llegarán mis cartas y la de otros familiares de compañeros tuyos, porque ahora todos tenemos un destino donde hacerlo”.

“Los asteroides, las estrellas, representan un mundo de objetos identificables en ciertos términos fisicoquímicos y matemáticos; pero al nombrarlos se los integra al mundo de lo humano dándoles un sistema de sentidos – dice la hermana de Ana, la antropóloga Alejandra Diego, en un mensaje que envió a la Facultad de Astronomía, a 50 años del Golpe-. Nombrar un asteroide implica seleccionar a alguien a quien la comunidad le es valioso de recordar. Implica jerarquizar su vida e inscribirla como ´digna de memoria´.  Su secuestro y su posterior asesinato  fue durante muchos años una ausencia, un desaparecido, como miles y miles: una evidencia de un drama social de arrebato a la identidad y de la integridad.” 

La historia de Ana pronto estará en un libro de Alejandra Sofía, ex jefa de Prensa y Comunicación de la Facultad de Astronomía. Vivió de cerca el proceso de reconstrucción de la memoria  en esa casa de estudios, donde conoció a Zaida. Ahora trabaja en un proyecto personal, una investigación sobre “su vida militante, compromiso y pasión por una sociedad mejor y solidaria, y la carrera que eligió como camino vocacional y profesional”.

También su ex compañero, Martorelli, se inspiró en ella para publicar “Ana, Evita y los Planetitas”, un libro publicado en 2024 por EDULP, la editorial de la Universidad y escrito junto a la artista plástica Kitty Di Bártolo. Es una ficción pensada como literatura infantil. La historia conecta la Península de Valdés, con El Principito y una madre con sus dos hijos que ven caer una estrella. Aparecen así los nombres del asteroide Anadiego y los cinco que hubo en homenaje a Evita entre el año ´48 y el ‘52, descubiertos desde el Observatorio de La Plata: Descamisada, Evita, Abanderada, Fanática y Mártir. “Cuando lo derrocaron a Perón, quisieron cambiar los nombres, pero la Unión Astronómica Internacional lo rechazó porque los nombres son inamovibles”, recuerda Martorelli.

“Antú, Kuyén y su mamá están a punto de contarte qué son los meteoritos y los asteroides. Te vas a enterar quiénes los descubren, en qué lugar se encuentran y cómo hacen para ponerles nombres. Porque en los nombres de esos planetitas quedan grabadas historias que no podemos olvidar.
Como la de esa mujer que dio todo por nuestro país o la de miles de argentinas y argentinos que defendieron la verdad y la justicia con todo lo que tenían, con sus voces, sus pañuelos y sus cuerpos”.

¿Qué significa que un asteroide lleve tu nombre? ¿Qué importancia tiene un asteroide en nuestro universo?

Es una pregunta recontra profunda. Tiene que ver con el alma, con el infinito, la mecánica cuántica, el espacio, el tiempo, el aquí, el ahora, la dimensión cósmica. Cada partícula desarrollada de nuestro cuerpo se formó en el cosmos. Cada elemento químico del cuerpo, su biología, su gravitación, su electromagnetismo de unión de células. Cada cosa se formó y se desarrolló en el espacio infinito miles de millones de años atrás. ¿Qué podemos decir de un asteroide? Son piedras, rocas. Al principio se pensaba que eran restos de algún planeta que no pudo formarse y están ubicados en el cinturón, entre Marte y Júpiter. Hay miles. ¿Qué son? ¿Restos de un planeta que no se formó o restos de un planeta que se destruyó, en el origen y formación del sistema solar? No está claro. Lo único que está claro es que tienen los componentes originales que dieron forma al sistema solar. Parten de la nube original de materia hace 5.500 millones de años que andaba dando vuelta por acá y bajo condiciones muy raras, comenzó a rotar hacia un centro. Entonces, un asteroide es la parte fundamental del origen no transformado, no cambiado, no mutado por acciones climáticas, o de cualquier tipo. Es decir, el asteroide que mantiene las condiciones originales del sistema solar y que no terminó en planeta o se destruyó de un planeta, prácticamente tiene los elementos que dieron forma a la Tierra, los mismos elementos que dieron forma a la vida. Cuando estudiamos los asteroides estamos estudiando una parte maravillosa de nosotros mismos.

A 50 años del último golpe de Estado, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) lanzó Sector 134–Cementerio de Avellaneda, un portal de datos e historias sobre el mayor sitio de hallazgo: 245 cuerpos de personas desaparecidas fueron exhumados y 119 identificados.

Una de esas historias es la de Ana Teresa Diego.

Javier Sahade

24/03/2026

Javier Sahade

Licenciado en Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata. Periodista en Radio Provincia y codirector de Perycia.com. Nacido y criado en la comunicación popular, fue fundador y director de Revista La Pulseada.

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