El agua bajo nuestros pies

por | 18 / 03 / 24 | Artículos

Hace poco les invité a un viaje en el que empezamos hablando de los diez arroyos que atraviesan la ciudad de La Plata y terminamos navegando las aguas del Arroyo El Pescado, destacando la importancia de conocer y proteger los humedales que nos rodean. Aprovechando que el 22 de marzo es el Día Mundial del Agua, hoy me gustaría desandar ese camino y empezar un nuevo viaje, pero un poco más atrás. ¿Se acuerdan del ciclo del agua? Bueno, no tan atrás, aunque un poco sí.

Recordemos que la mayor parte del agua del mundo está en su forma líquida, ya sea como agua subterránea, en océanos y mares, o formando lagos, ríos y arroyos, y que el proceso por el cual se traslada de unos lugares a otros o cambia de estado físico se conoce como ciclo hidrológico o ciclo del agua. Pero, lo que a veces no es tan conocido es que si bien el volumen total de agua en nuestro planeta no varió en los últimos 30 a 40 mil años, su calidad sí sufrió un claro deterioro debido al crecimiento de la población y de sus actividades. Por eso se habla de un “ciclo hidrológico natural” por un lado, y “ciclo hidrológico modificado” por el otro, es decir, aquel que se compone no sólo de los eventos naturales que solemos aprender en la escuela, como la evaporación o la precipitación (entre otros), sino también por entradas y salidas artificiales vinculadas con los usos urbanos, industriales, agrícolas e hidroeléctricos. Y acá estamos llegando al punto de partida del viaje de hoy, las intervenciones humanas que modifican el comportamiento de los cursos de agua, por ejemplo los arroyos urbanos.

Foto de Mónica Rúa

Si de modificaciones se trata, empecemos por las que son más bien “físicas”. Por ejemplo los dragados, que tienen por objetivo el ahondamiento y la limpieza de un cuerpo de agua para reducir las chances de desbordes e inundaciones; es decir, se saca el barro y las piedras, pero lamentablemente también muchas veces las plantas, tan necesarias para la vida acuática. Con el mismo objetivo, pero siendo un poco más drásticos, están las canalizaciones, que son obras en las que se cementa todo el cauce, y que producen la desconexión del arroyo de su llanura de inundación, disminuyendo así el intercambio de agua, materiales y organismos vivos, y que se hacen básicamente para sacar el agua rápido. Y más drástico aún, una de las transformaciones del ambiente más significativas aunque a veces no nos demos cuenta, los entubamientos de arroyos, es decir, caños bajo la tierra.

Con estas obras se modifica el curso natural, cambia el hábitat y se anula el normal funcionamiento del curso de agua. Quizás mi elección de palabras deja en evidencia que si bien entiendo la ocasional necesidad de modificar el entorno, creo que estamos en un momento en el que necesitamos mayor diversidad de miradas a lo hora de llevarlo adelante. Y también hay que mencionar otro tipo de modificaciones, no físicas, que son los agregados de agua, que muchas veces suman componentes no deseados a los arroyos. Por ejemplo, aquella agua que viene del escurrimiento de agua de lluvia, que al pasar por las ciudades o los campos, le aportan contaminantes al agua, y por otro lado el vertido de efluentes domiciliarios o industriales, muchas veces no tratado. Lindo panorama. Bueno, para qué me invitan, si saben cómo me pongo.

Foto de Martín Paredes del Puerto

Ahora bien, todo esto no está sólo en los libros. Tenemos ejemplos de todas las modificaciones a lo largo y ancho del partido de La Plata. La cuenca del Arroyo Del Gato por ejemplo, la segunda en tamaño después de la de El Pescado, recibe la mayoría de los desagües pluviales de la ciudad y en sus 25 km de recorrido desde Abasto hasta Ensenada, se pueden observar dragados, canalizaciones y entubamientos. Bueno, estos últimos más bien a veces habría que imaginarlos. De hecho, llegado a este punto les propongo un desafío: ¿Saben si por debajo de sus pies pasa un arroyo? Quizás sea una pregunta difícil, pero lo que la naturaleza nos ha hecho fácil, aunque de una forma lamentable, ha sido volver a reconocer por donde pasan los cauces naturales de los arroyos entubados. Porque aunque les hagamos esas modificaciones a las cuencas hídricas, el agua, sobre todo cuando es mucha, producto de tormentas muy intensas, busca y encuentra su curso natural, porque ese curso natural está dado por diversos cambios de nivel que suelen seguir presentes aunque el arroyo fluya por debajo del asfalto. Y acá creo que se entiende el por qué del uso de la palabra “lamentable”. Estoy hablando de la inundación del 2 y 3 de abril de 2013. Podemos intentar guiar al agua hacia donde nosotros creemos que debe ir, pero al agua no le importa. O como alguna vez escribí: “El agua que fluye bajo el asfalto, no sabe que alguna vez fue nube, ni que pronto será mar”.

Foto de Juan Martín del Puerto

Volvamos por un segundo al Gato. La gran diferencia que encontramos con la cuenca de El Pescado radica no sólo en sus modificaciones, sino en lo que está directamente asociado a ellas, la cantidad de personas que vive en la cuenca. Pero lamentablemente, la ocupación ha sido desordenada y todo lo que se ha hecho en esta cuenca en términos urbanísticos ha sido fragmentado sin reconocerla como una unidad de gestión, ni tampoco como un ecosistema dinámico, y no lo digo solamente yo, lo dicen muchas personas que estudian estas cosas, como Daniela Rotger en su libro “El Paisaje Fluvial en el AMBA”.

La realidad es que aún está muy arraigado esto de igualar asfalto con progreso, la cuestión de cementar los cursos de agua o esconderlos bajos nuestros pies para que no los veamos, sigue siendo una realidad difícil de combatir, pero ¡ojo! no quiero con esto echarle la culpa a las personas… Es entendible que un/una vecino/a que siente que el arroyo es su enemigo ante reiteradas inundaciones, crea que la solución es taparlo y poner una avenida iluminada encima. No es su culpa y lo que creo que puede estar pasando es que estemos fallando un poco quienes investigamos y comunicamos en torno a estos temas, y también quienes hacen la gestión y toman las decisiones. Sobre todo la falla (creo yo, en mi humilde opinión) está en ese nexo, en ese eslabón, investigación-territorio-gestión. Quienes toman las decisiones no se terminan de convencer de que “entubar ya fue”, y sinceramente no creo tener la solución ni la verdad absoluta, porque cada ambiente es un mundo y cada situación particular es atendible de manera particular. Lo que sí creo es que es central la participación comunitaria y que lo único que se logra entubando un arroyo es “esconder la mugre debajo de la alfombra”.

Antes de terminar este viaje, quisiera arrojar una luz de esperanza (era hora, porque viene todo bastante abajo, ¿no?). Hay algunos lugares en el mundo en donde se están desentubando arroyos. Sí, así como se lee. Arroyos que están volviendo a ver la luz, y vuelven así a ser parte de la vida de las ciudades, de la sociedad, de las personas. Bueno, ya son parte, lo venimos diciendo, pero pasan a ser parte de manera positiva y conformando bienes comunes aprovechables, por ejemplo para la dispersión y contacto con la naturaleza. Otras cosas que se hacen también son parques lineales a los márgenes de los arroyos, para respetar las llanuras de inundación, y hasta instalaciones móviles que permiten disfrutar incluso de canales cementados, asemejándose lo más posible a lo que serían arroyos naturales. Hacia allá vamos (eso espero).

Les agradezco haber llegado hasta acá, y si emprenden un viaje de similares características les dejo algunas cosas para la mochila:

  • Dos cuentas de instagram: @re.cursosurbanos de la arquitecta Daniela Rotger, de La Plata, y @arroyoslibres, un proyecto de CABA super interesante que visibiliza la historia de los cursos de agua de Buenos Aires y su situación actual.

Y una poesía para pensar la cosa desde otra perspectiva:

El agua que fluye bajo el asfalto,
no sabe que alguna vez fue nube,
ni que pronto será mar.
En su realidad,
a veces oscura y solitaria,
ignora que un día será libre.
Llegará a ese colorido lugar,
donde anidan las aves
después de largos y cansados viajes.
Y cargadas de recuerdos le contarán
que como ella, hay más
y que sólo tiene que dejarse abrazar.

Javier Garcia de Souza

Biólogo, actor y bailarín. Dr. en ciencias naturales (UNLP) e investigador CONICET

Creative Commons CC BY-ND 4.0

2 Comentarios

  1. Betina Galarza

    Gracias por este artículo, imprescindible en estos tiempos de cambio climático. Los y las platenses debemos recordar que vivimos sobre arroyos entubados, que es una ciudad que fue, es y será inundable. Que debemos respetar los ciclos de la naturaleza y que está en nosotrxs «renaturalizar» , «reverdecer» y concientizar sobre la importancia de generar cambios no estructurales como la conservación de los Adoquines, espacios verdes y por qué no, de airear esos arroyos que no ven la luz dentro de tubos subterráneos. Las políticas municipales deben estar dirigidas hacía ese lugar

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  2. isa

    a desentubar!

    Responder

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