Aguará Guazú: entre la reproducción y la pérdida del hábitat
Axel Schwarzfeld

El mayor cánido de Sudamérica es una especie amenazada. En Córdoba, se lo monitorea con el fin de recabar información para analizar y abordar mejor los problemas que dificultan su conservación.

En los últimos días, se hizo viral en redes sociales la aparición de un aguará guazú filmado mientras corría de madrugada por las calles de la ciudad cordobesa de Villa Santa Rosa. En paralelo, también fue noticia el nacimiento de cuatro cachorros en el Parque Nacional Ansenuza, también en Córdoba. La especie se encuentra amenazada y cuenta con protección legal a nivel nacional, por lo que ambos casos recientes permiten conocer distintas situaciones que atraviesa el aguará guazú en la provincia: su reproducción en un contexto de riesgo y su aparición en zonas habitadas por el ser humano.

Foto: Augusto Distel

El aguará guazú (Chrysocyon brachyurus), cuyo nombre en guaraní significa “zorro grande”, es el mayor cánido de Sudamérica. También conocido como lobo de crin o potrillo, es un animal omnívoro que se caracteriza por sus largas patas, pelaje rojizo y grandes orejas. Esas características despertaron desde niño el interés de Augusto Distel, quien actualmente trabaja en el Parque Nacional Ansenuza junto a la ONG Aves Argentinas y desde hace 11 años se dedica al estudio y conservación de la especie.

En diálogo con Humboldt Cultura Ambiental, el conservacionista afirmó que el nacimiento de las cuatro crías de aguará guazú representa una noticia especialmente alentadora. Sin embargo, advirtió que la aparición de nuevos ejemplares no implica por sí sola una mejora en el estado de conservación de la especie, sino que requiere un seguimiento para identificar y confirmar las amenazas que enfrenta. “Si el animal llegó al punto de estar en peligro, es porque hay amenazas”, indicó.

El monitoreo

En este sentido, Distel señaló que la intervención humana aparece como un factor central entre las amenazas, aunque aclaró que las problemáticas varían según cada territorio. En la zona del Parque Nacional Ansenuza identificó particularmente la presencia de incendios y el contacto con perros y otros animales domésticos, que pueden transmitir enfermedades, entre las que mencionó casos de sarna.

“El parque nacional es muy nuevo, fue creado en 2022. Recién se están comenzando a hacer trabajos en territorio, con lo cual se están tomando medidas, pero lleva tiempo y todo esto hay que, obviamente, determinarlo y confirmarlo”, explicó, en relación a la investigación de las problemáticas. “Por eso, es importante el trabajo que hacemos de marcado de animales a través de collares satelitales, y también el monitoreo de los cachorros, que es justamente para medir la interferencia que hace el fuego y la cercanía que hay con los poblados o campos donde se trabaja la ganadería o se hace agricultura, y cómo esto interfiere y perjudica en la vida de la fauna silvestre”, insistió.

El uso de tecnología de seguimiento comenzó en abril con la ejemplar que dio a luz. De acuerdo al sitio web de Aves Argentinas, estudios de este tipo solo se habían realizado hasta ahora en Brasil y en la provincia de Corrientes, por lo que la ONG indicó que este avance marca un hito para el centro del país. El proyecto es llevado adelante de manera conjunta con la Administración de Parques Nacionales y la Secretaría de Ambiente de la Provincia de Córdoba.

Para Distel el objetivo actualmente es medir la tasa de éxito en la crianza de una pareja de aguará guazú y replicar el seguimiento en distintos ejemplares y ecosistemas para identificar los principales conflictos que enfrenta la especie. Los datos obtenidos permitirán, por ejemplo, determinar en qué períodos las quemas pueden afectar a las crías y adultos y establecer medidas frente a las enfermedades.

Como estos estudios son recientes, no hay una cifra de cuántos de estos cánidos hay en Córdoba. Es un animal que también tiene presencia en las provincias de Corrientes, Formosa, Chaco, el norte de Santa Fe, el este de Santiago del Estero y el sur de Misiones.

Un equipo científico argentino publicó en 2023 en la revista académica Oryx, de Cambridge University Press, una actualización del rango de distribución del aguará guazú en Argentina. El estudio descubrió que el animal está presente en una superficie mayor de lo que se creía, porque encontraron más de 1.000 registros nuevos entre 2009 y 2021. Si bien el informe no establece cuántos ejemplares hay actualmente en el país, si indica que la especie ocupa actualmente un área estimada de 500.000 km², un 61 % más que en el período registrado entre 1988 y 2008.

Foto: Augusto Distel

“Agricultor del territorio”

Por otro lado, Distel destacó a esta revista la importancia de trabajar con las comunidades cercanas a las áreas protegidas para promover una convivencia responsable entre la conservación de la fauna y actividades como la agricultura y la ganadería, sin afectar las fuentes de sustento de quienes viven en esos territorios.

El aguará guazú cumple un rol importante en el equilibrio de los ecosistemas, ya que actúa como controlador de especies pequeñas y medianas, entre ellas roedores y serpientes. El conservacionista explicó que la desaparición de este eslabón de la cadena trófica puede generar desequilibrios, como una sobrepoblación de pequeños roedores, que además pueden transmitir enfermedades. Por su condición de omnívoro, el aguará guazú se alimenta también de insectos, anfibios, aves y frutos, lo que le permite intervenir en distintos niveles de la cadena alimentaria.

Otro de sus aportes fundamentales es la dispersión de semillas. Al consumir frutos, las semillas atraviesan su sistema digestivo y son expulsadas en condiciones que favorecen su germinación, contribuyendo a la regeneración de pastizales, humedales y montes. “Es como una especie de agricultor del territorio, del ecosistema”, expresó Distel, quien remarcó, de todos modos, que esta función no implica que el aguará guazú sea más importante que otras especies, sino que cada una cumple un papel dentro del equilibrio ambiental.

Además, enfatizó en que el aguará guazú no representa un peligro para las personas y que los ejemplares no suelen atacar ni buscar el conflicto. En ese sentido, señaló que la aparición de animales en zonas urbanas, como ocurrió recientemente en Villa Santa Rosa, está vinculada con la reducción de su hábitat producto del avance de la frontera agropecuaria, los incendios y otras intervenciones sobre el territorio.

“Son animales que pueden caminar 15 o 20 kilómetros en una noche. Es normal que a veces se desorienten por el fuego o por alguna interferencia en el lugar donde viven y se vean obligados a meterse en un poblado”, afirmó. “No es la intención del bicho vivir en los poblados, necesita pastizales, necesita matorrales y lugares para refugiarse”, aseguró.

Foto: Augusto Distel

Distel también advirtió que perseguir a estos cánidos para tomarles fotografías o grabar videos puede aumentar su estrés, provocar que corran sin rumbo y poner en riesgo su vida. Ante la presencia de estos animales en una zona habitada, recomendó no seguirlos, mantener a las mascotas dentro de las viviendas y dar aviso a las autoridades, como la Policía, los Bomberos o un centro de rescate. Según explicó, los especialistas pueden evaluar si es necesario capturar y trasladar al ejemplar o simplemente acompañarlo hasta que abandone el área urbana.

Axel Schwarzfeld

06/10/2026

Axel Schwarzfeld

Licenciado en Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Periodista graduado de la Escuela de Comunicación ETER. Redactor en medios como Página/12 y Detrás de la Máscara.

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